Este aspecto es fundamental, pues sitúa a la SSVP en un lugar aparte dentro del panorama caritativo, ya sea religioso o no. Conquistar la amistad de la persona de la que se ha encargado es un deber para todo Vicentino. Al tratar al pobre como a un hermano, los consocios aplican el Capítulo 25 de san Mateo, al mismo tiempo que evitan que la Sociedad se convierta en una máquina caritativa.