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Sí. Sí.
La oración es un diálogo de amor con nuestro Dios. Debe alimentar nuestras actividades caritativas. Como cristianos, nosotros creemos que es con el mismo Cristo con el que nos encontramos en la persona de los pobres (Mateo, 25, 31-46: « En la medida en que se lo hayáis hecho al más pequeño de mis hermanos, me lo habéis hecho a mí »)
La Regla nos invita a pedir la ayuda del Espíritu Santo antes de nuestras visitas para que El haga de nosotros « artesanos de la paz y de la alegría de Cristo » (§ 1.7.) En su circular del 30 de junio de 2007, nuestro presidente general nos recuerda que, en conferencia, hay que ponerse a la escucha del Espíritu Santo para que Él nos inspire formas de acción nuevas y adecuadas.
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