De la conferencia de Historia a la Conferencia de Caridad
La Sociedad de San Vicente de Paúl nació en
París, en un grupo de estudiantes católicos llamado Conferencia de
Historia, a la que animaba
E.Bailly
En el alba de la
revolución industrial, Ozanam es un convencido de la profunda
convergencia del Evangelio con la “Declaración de los Derechos del
Hombre” de 1789 y los principios de “Libertad, Igualdad y
Fraternidad”. A veces, las discusiones se tornaban en tormentas. Un
día, uno de los estudiantes, alabando el escepticismo de Byron,
objetó: “El Cristianismo hizo, en otros tiempos, prodigios pero
actualmente ¡está muerto!. ¿Vosotros que os enorgullecéis de ser
católicos, que hacéis?. ¿Dónde están vuestras obras, las obras que
den prueba de vuestra fe y que nos inciten a adoptarla?”. Atónitos
ante tal objeción, Ozanam y unos cuantos amigos se dijeron:
“No hablemos tanto de caridad…¡Mejor será que la practiquemos y
socorramos a los pobres!. “Uno de ellos, Le Taillandier, les
propone reunirse entre cristianos, no para conversar sino para
actuar. Realizar una “Conferencia de Caridad”. Encargaron a
Ozanam de exponer esta idea a Emmanuel Bailly y de
proponerle la fundación de una obra para jóvenes y cuyo ideal de
caridad se materializaría en la visita a los pobres. Bailly
aprobó sus intenciones, les atribuyó como local el despacho de la
redacción de la “Tribuna Católica” y acepto dirigir aquel nuevo
grupo. Nace la Sociedad San Vicente de Paúl La primera reunión tuvo lugar el 23 de Abril de 1833 (¡algunos dicen que eran las 8 de la tarde!), y a ella asistieron:
Bailly encabeza el grupo y Devaux es el tesorero.
Se plantea ya, como
principio, el reunirse una vez por semana y convienen en adoptar
como actividad
fundamental el visitar a los pobres en su domicilio.
El grupo adopta como patrón a San Vicente de Paúl
y se coloca bajo la
Un crecimiento relámpago
Frédéric Ozanam escribía el 24 de Julio de 1834 a
uno de sus primos: “Yo quisiera que todos los jóvenes de cerebro y
corazón se unan en pro de alguna actividad caritativa y que se
constituya, en todo el país, una extensa asociación generosa para
aliviar a las gentes desfavorecidas”. No tardó
Lyon en la epoca de Ozanam Ante tal crecimiento conviene darse una organización. Y nace el primer “Reglamento” bajo las líneas generales dadas por Bailly y la redacción del articulado de Lallier. Se promulgó el 8 de Diciembre de 1835, en la fiesta de la Inmaculada. Tras el país, el contagio atraviesa las fronteras:
En 1836 ya se creó un “Consejo de Dirección”, el cual tomó el 27 de Diciembre de 1840 el nombre de “Consejo General”, que desde entonces ha prevalecido. El “Boletín” de la Sociedad, cuyo objeto es relacionar a los miembros entre si, se remonta a 1840. Así se ha realizado el deseo de Ozanam: “Yo quisiera abrazar al mundo entero en una red de caridad”. 27 años después de su fundación, la Sociedad contaba ya en el mundo con más de 2.500 Conferencias y 50.000 miembros aproximadamente. El presupuesto representaba unos 4 millones de francos de entonces. En 1913 son 8.000 Conferencias, 133.000 miembros y 15 millones de francos distribuidos. Al cumplirse 100 años de vida, la Sociedad cuenta con 33 naciones representadas, 12.000 Conferencias y unos 200.000 miembros. En su 150 aniversario, son 38.000 Conferencias y 750.000 miembros. Mujeres y Hombres. Jóvenes y maduros Se comprueba que si, de partida, la Sociedad estaba compuesta de jóvenes estudiantes (con excepción de Bailly), su composición y pirámide de edades han evolucionado con el tiempo, con una diversificación del origen social de sus miembros. Al principio, no había prácticamente mujeres en la Universidad y por lo tanto ninguna mujer participó en la creación. Sin embargo, pese a la presencia de las “Damas de la Caridad”, obra fundada por el propio San Vicente de Paúl y de las “Louise de Marillac”, obra para señoritas, aparecieron mujeres que deseaban incorporarse a la Sociedad y adherirse a los principios de sus fundadores. Deseo tanto más natural cómo que las esposas de los vicentinos ayudaban a sus maridos cuando la situación de las personas visitadas podía eventualmente plantear dificultades a la presencia de un hombre. En aquellos tiempos, qué lejos se estaba de la colaboración a partes iguales entre ambos sexos. Así es que, en 1856, se fundó en Bolonia la rama femenina de la Sociedad de San Vicente de Paúl.
Con el cambio de mentalidades, y la presencia
permanente de jóvenes en las Conferencias no es ajena a él, las dos
ramas se fusionaron el 20 de Octubre de 1967 con ocasión de una
junta internacional en París, institucionalizando el hecho de que
¡hombres y mujeres compartían ideal común y participaban en las
mismas reuniones!. Con intenciones similares se realizó el 15 de
Marzo de 1969, en Francia, la fusión de la Sociedad con el
“Movimiento de las Louise de Marillac”. Conviene recordar que este
“movimiento” se creó en 1909 por impulso del abate Lenet, cura de la
parroquia de Saint-Nicolas du Chardonnet (París), a modo de una
filial de las “Damas de la Caridad”. ¿Y ahora? La Sociedad ha atravesado múltiples dificultades además de una revolución y tres guerras. Entre 1861 y 1870 la “circular Persigny” impuso la “disolución” de los Consejos y por lo tanto la Sociedad tuvo que inactivarse en Francia. El conflicto mundial de 1939-1945 fue mortífero, desapareciendo varias Conferencias. Se ha enfrentado a ideologías anticristianas que en ciertos países han obligado a los miembros a interrumpir sus reuniones – fueron consideradas subversivas – y a actuar en la clandestinidad. Todos sin embargo, han mantenido su ideal, como lo atestiguan las noticias recibidas por el Consejo General, el cual por supuesto, no podía exponerlas públicamente. No nos olvidemos que estas situaciones existen todavía aquí y allá. Los cambios que han acontecido estos últimos años en los “Países del Este” han permitido que vuelvan a florecer unas Conferencias que se multiplican sin cesar. En la actualidad la Sociedad de San Vicente de Paúl se halla presente y activa en 132 países de los cinco continentes. Las dos terceras partes de las Conferencias (equipos) se encuentran en países en vías de desarrollo, por lo que la Sociedad puede considerarse precursora en cuanto a la ayuda fraterna en el tercer mundo, en un espíritu de reparto, solidaridad y hermanamiento. “Los pobres ayudan a los más pobres”.
Se puede decir que el crecimiento de la Sociedad es la respuesta a
las
Federico Ozanam Los Vicentinos deben esforzarse continuamente, más allá del aspecto individualizado habitual de sus acciones, en percibir el aspecto institucionalizado y amplio de toda intervención humanitaria. La sencilla buena voluntad no es suficiente ya. Debe dejar paso a una vocación benéfica seria, con lucidez, organizada y respetuosa de la dignidad del prójimo, con capacidad para ayudar al pobre a salir por sus propios medios de su pobreza. |
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